CONTRA LOS ATAQUES INTERESADOS DE GRUPOS DE PODER MEDIANTE NOTICIAS SESGADAS
Aquí un artículo de opinión de un socio de Entorno Escorial:Nos encontramos frecuentemente con que uno de los argumentos que esgrimen ciertos grupos ecologistas para paralizar el despliegue de energías renovables, imprescindible para contener el crecimiento de las desbocadas emisiones de CO2, porque estos proyectos están financiados por el mismo capitalismo que saca beneficio de las fuentes de energía en las que se queman combustibles fósiles, a veces se llegan a identifican los nombres de los mismos fondos de inversión.
Valga que el cochino capitalismo de siempre, que ha financiado la energía sucia y que ahora tiene interés en financiar la limpia porque les cuadran mejor las cuentas al ser los costes de inversión y de explotación (LCOE) mucho más favorables que las centrales de gas, dejara de financiar la instalación de parques solares y eólicos. ¿Quién financiaría el cambio energético entonces? ¿Los Estados? A mí me gustaría, pero no lo van a hacer porque los que pueden, casi todos con ingresos extraordinarios sino exclusivos provenientes del gas y petróleo, no les interesa y a los que les convendría, aunque solo fuera por aminorar la dependencia energética, tienen un endeudamiento elevado y/o están al servicio de los intereses de los poderosos países que viven de la venta de gas y petróleo. Grosso modo el panorama viene a ser algo así.
No hay día que no salga una noticia sobre los problemas e inconvenientes de las energías renovables: la dificultad de reciclaje de las palas de los aerogeneradores, las futuras montañas de residuos de las placas solares, la muerte de aves, qué si las palas son demasiado grandes, que si la escasez de litio, que ahora que el litio no es tan crítico la escasez de cobalto, de cobre, de plata… como si fueran estas energías las que consumen estos elementos en exclusiva. El problema (falso) de la electricidad asíncrona de las renovables y su solución a base de energía nuclear. El ruido, el ultrarruido y el infrarruido de los aerogeneradores como si no hubiera ruido por todos los lados. Yo me pido que se elimine el ruido de las autopistas, que es sabido afecta tremendamente a mucha fauna y de paso que se elimine el ruido en las ciudades que afecta negativamente a los humanos. Por sus impactos estarían mucho antes que el de los aerogeneradores y con una afección a fauna infinitamente mayor.
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La afección a ciertas especies por los parques solares y eólicos, la muerte de aves e incluso la amenaza de alguna de sus especies por aerogeneradores no se pone en el contexto de la extinción masiva que está suponiendo el cambio climático para otros animales y para la flora, al margen de que muchos de estos proyectos llevan medidas para aminorar su impacto. Es muy impactante y conocido el problema de los osos polares, pero no es esta la única especie. Está cambiando la fauna de los mares árticos a todas las escalas, migraciones de peces que no se conocían, cambios en zoo y fitoplancton, etc. Se calcula que ya se ha perdido un 20% de la biomasa de peces por el calentamiento de los océanos. Hay pérdidas de hábitats y de especies a lo largo de todo el planeta por el cambio de condiciones, caídas de los censos de invertebrados, cambios en flora por doquier, etc.
Nadie desea el mal a la fauna cercana a las instalaciones renovables, pero es preciso ponerlo en contexto y ver las consecuencias de una alternativa a base de más emisiones de CO2, de más centrales nucleares, etc.
Luego, están los de “en mi pueblo o en mi Comunidad no”, unos por alineamiento político directo o indirecto con los intereses de Estados petroleros, otros apalancados en ruralismos nimbystas de signos extremos por ambos polos. Sin duda tendría que haber un mayor equilibrio entre producción y consumo energético y esto precisamente es algo que podrían favorecen las energías renovables, pero no tiene ningún sentido la oposición a estas energías por criterios de la cercanía de su instalación, porque con esta lógica no podrían ponerse en ningún sitio o exacerbar alteraciones de paisajes rurales pretendidamente idílicos, porque no encontraremos ninguna localización cuya fisonomía no se viera alterada por la instalación de cualquier industria . Evidentemente ocupan más territorio y, en su conjunto, son mucho más visibles que las centrales de producción de energías fósiles, pero son imprescindibles para poder parar estas y así aminorar el ritmo de emisiones de gases de efecto invernadero.
Es verdad que las compañías energéticas actuales y los fondos de inversión que hay tras ellas son muy probablemente las que gestionarán el cambio, si es que éste acaba sucediendo. Entre otras cosas, porque al menos desde 2019 se ha estado frenando la entrada a muchos proyectos de inversores ajenos a estos lobbyes, que hubieran podido construir una alternativa. También es cierto que el Estado no ha actualizado la estructura de la red a sabiendas de que los cuellos de botella acabarían bloqueando el despliegue de renovables. Todo esto ha venido promoviendo el que se realicen mega instalaciones (inversiones) en los pocos puntos que quedan donde la conexión a la red es viable, en general en puntos cercanos a centrales existentes de producción de energía o a su red de evacuación. Es claro que esas megainversiones es más fácil que las realicen grandes fondos, pero es lo que tenemos y, siendo manifiestamente mejorable, es menos malo que seguir quemando combustibles fósiles o, diciéndolo de otra manera, es de las pocas posibilidades que tenemos para reducir las emisiones de CO2. Por supuesto debieran quitarse todas las barreras al autoconsumo eléctrico, pero hay que saber que su capacidad total cubriría solo parcialmente el balance energético, incluso aunque decreciera el consumo energético de manera importante.
Del mismo modo es claro que no deberían otorgarse licencias para la generación de electricidad renovable ligada a proyectos de generación electrolítica de hidrógeno, para alimentar una nueva industria en la que se desperdicia el 60 o 70 % de la energía, tanto si se introduce en sistemas de pilas de combustible como si se incorpora a la fabricación de combustibles sintéticos, emulando las eficiencias de la combustión de hidrocarburos y desperdiciando posibilidades de uso con eficiencias del 90%, lo que tiene importancia en la aminoración del impacto territorial.
El calentamiento global es una realidad y detrás de él están las brutales emisiones diarias de CO2 que trasladan a la atmósfera el CO2 secuestrado en yacimientos geológicos no a lo largo de siglos ni de milenios, sino de eras.
¡Es necesario parar las emisiones ya! ¡No queda otro remedio! Ya no seremos capaces de revertir el calentamiento actual ¿Queremos que empeore? En la actualidad tenemos una baraja corta de posibilidades económicamente factibles para aminorar emisiones de GEI, entre ellas están la energía eólica, la solar, la reducción de consumo, el ahorro, el transporte y movilidad eléctrica, las bombas de calor, el aislamiento, y poco más. No podemos rechazar ninguna de estas cartas.
Las energías renovables son realmente renovables, no falsas renovables, como se las tilda. Si existen en la actualidad problemas en el cierre de ciclo de vida de sus materiales es por su juventud y por su escala. Se han hecho más estudios en relación con el reciclado de palas de aerogeneradores y de placas fotovoltaicas que de los procesos en otros muchos sectores. Con los automóviles, que llevan más de 100 años dando vueltas, a una escala inmensamente mayor en cuanto a número y tonelaje, se comienza muy tímidamente ahora con lo que llaman fábricas circulares, ¿o es que no hemos estado presenciando cómo un automóvil usado se compactaba en un dado de chatarra conteniendo plástico, textil, cartón, metales etc., sacándole apenas algunos componentes de valor, para echar la mayor parte a la colada de las fundiciones?
La problemática del reciclado de los materiales en el sector de las energías renovables tiene una escala despreciable en relación con muchos otros procesos con los que convivimos y de los que muy pocos ponen el grito en el cielo.
Es por eso por lo que el apelativo de “falsas” renovables, entra dentro del catálogo de verdades a medias para derribar estas tecnologías. Con un mínimo de consciencia sobre lo que supone la voladura de estas pocas soluciones para el planeta, no debiéramos emplearlo. En última instancia lo que no se recicla es el CO2 que emitimos como residuo y que se mantendrá en la atmósfera durante milenios.
En definitiva, el modelo económico que tenemos es el que es. Los patrones de financiación de inversiones son los mismos que afectan al resto de bienes y servicios. La velocidad actual de emisiones de CO2 hace que sea extremadamente urgente su control. No podemos aguardar a un cambio de modelo político-económico que pasaría por la definición del mismo, para aminorar las emisiones de GEI por más que el actual no sea de nuestro gusto -desde luego no es mi preferido-. Existen numerosos y poderosos actores interesados en parar o ralentizar el cambio a renovables que, de prosperar, sería en detrimento de su negocio. El modelo de energía basado en la dependencia de gas y petróleo perjudica la soberanía económica de Europa y de sus países y está comprometiendo el bienestar del planeta y el nuestro a corto, medio y largo plazo.

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